La canción que se hizo noticia
- lubigoni2
- 29 oct 2025
- 2 Min. de lectura
“Cachito, el campeón de corrientes”
Una mañana tranquila lo fueron a buscar. El sol apenas empezaba a aparecer por los techos de las casas bajas de Corrientes. En la esquina, los vecinos se asomaban con curiosidad. El comentario era que “Cachito” se iba a pelear a Buenos Aires y que iba a ser campeón. Él sonreía con timidez. Sus guantes los llevaba colgados en el cuello y tenía la mirada de una persona que sabía que la vida le podía cambiar en un instante. Un señor en un auto lujoso lo fue a buscar y allí comenzó el sueño del deportista. El barrio los despidió con mucha ilusión.
El auto salió despacio, levantando polvo de la calle por dos o tres cuadras. Desde la ventana del auto, Cachito saludaba a los suyos y los veía cada vez más chiquitos. Algunos lo saludaban con entusiasmo y otros con algunas lágrimas en los ojos. Pero el que más se escuchaba era el almacenero que coreaba su nombre como si estuviese en una esquina del ring. En su bolso no tenía mucho. Solo una muda de ropa. Pero lo que sí llevaba, era la fe de todo el pueblo.
En Buenos Aires todo era distinto. Las luces y el ruido lo hacían sentir a Cachito lejos de su casa. A su vez, los hombres que se relacionaban con él solo hablaban de plata y de promesas. Lo llevaron a entrenar a un gimnasio precario. Le decían que tenía talento y que solo debía aguantar. Y así lo hizo el. Aguanto algunos días sin dormir, sin comer bien y con el cuerpo cansado.
Cuando se subió al ring el ruido era ensordecedor. El solo pensaba en su familia y en la gente del pueblo que estaba escuchando la pelea por la radio. Dio pelea hasta el final pero el cuerpo no le dio. No hubo gloria ni cinturón pero sí un silencio enorme.
Volvió unos días después con la mirada baja, aunque en la estación del colectivo lo esperaban todos. Nadie le habló de la derrota, solo lo abrazaron como se abraza a una persona que lo dejó todo. El dinero nunca llegó y ese señor de traje que lo llevó el primer día nunca más apareció. Se llevó todo de él, la bolsa con dinero, la confianza y la ilusión de una persona que quería cumplir su sueño.
Hoy, todos recuerdan su nombre entre copa y copa y agradecen que hubo un correntino que los representó hasta el final, que soñó por todos y que lo traicionaron lejos de su tierra. Porque los campeones en el fondo no son quienes se van, si no quienes vuelven.






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