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Clara, la que siempre estaba

  • lubigoni2
  • 15 jul 2025
  • 2 Min. de lectura

Ahí estaba Clara. Con tan solo siete años se paraba al lado de Lucia para formar la fila de entrada al colegio y decir la oración a la bandera. Casi como de costumbre. Eran las dos más altas de la clase, y siempre estaban al final de todo. Ella, con su mochila con carrito y la mejor cartuchera del salon. Siempre muy charlatana y con un carácter fuerte. A veces tenían que pedirle que haga silencio. O la solución más fácil era cambiarla de lugar, ya que con cualquiera ella podía empezar una conversación. Entre toda esa charla, largaba la frase que todos querían escuchar: “¿Queres venir a merendar a mi casa?”. Algo que era tan simple pero que quizás te alegraba el día, o la semana. 


Era una muy buena compañera. Si necesitabas algo, te lo prestaba. Si una tarea era difícil, la explicaba con paciencia, aunque a veces mezclara los ejercicios con anécdotas. Siempre estaba. En los actos escolares, para jugar a la rayuela o al elástico, en los cumpleaños con piñata y en los secretos contados entre banco y banco. 


“Clara me ayudó” decía más de uno. Tenía esa mezcla de dulzura y coraje que hacía que cualquiera quisiera estar de su lado. No importaba si te conocía mucho o poco. Tenía la capacidad de hacerte sentir especial, sin esfuerzo. Como si ser buena compañera no fuera una elección, sino su forma de ser.


Era divertida, de esas personas que transforman una tarde cualquiera en una historia para contar. Siempre tenía algún chiste o alguna anécdota que hacía reír a todos. En los viajes escolares, ella era la primera en decir que sí. No se perdía uno, y siempre se las ingeniaba para no quedar afuera. 


Dicen que en cada aula hay alguien que, si existiera el premio al mejor compañero se lo llevaría sin dudas. En ese curso, en esa época, todos sabían quién era. Y también sabían algo más: Clara era una de esas personas que uno quiere tener cerca para siempre. 

 
 
 

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